Las Cabezadas 2022

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Intercambio de reverencias, ofrendas obligatorias, amenazas, improperios e invocaciones al Santo.

La fiesta

La Fiesta de las Cabezadas es una ceremonia civil y religiosa que se celebra en León el último domingo de abril. El nombre de esta fiesta nace de las tres reverencias hechas con exagerada inclinación, que los representantes del Ayuntamiento, situados en la Plaza de San Isidoro, y el Cabildo de la Real Colegiata y Basílica de San Isidoro, situado en el atrio de la Real Basílica, hacen al despedirse una vez concluidos los actos, el dialéctico y el religioso, de esta popular fiesta.

Esta celebración se remonta a 1158, cuando en los tiempos de la Reina –Infanta Doña Sancha Raimúndez, cuando San Isidoro se enfadó en las eras de Trobajo y se negaba a volver a la Real Colegiata. Desde esa fecha y lugar arranca la tradición de que el Corregimiento Leonés acuda anualmente al templo isidoriano con un cirio de arroba cumplida y dos hachas de buena cera. El Corregimiento dice que viene a traer a San Isidoro, “Patrono de este Nobilísimo Reino”, una ofrenda voluntaria. El Cabildo lo recibe como foro obligatorio. Así año tras año y siglo tras siglo, y ya van abundantemente rebasadas ocho centurias.

Cabezadas León

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La historia

Las Cabezadas es una celebración que tiene como finalidad festejar el natalicio de San Isidoro, cuya conmemoración tuvo lugar el día 4 de abril de 636, que aquel año cayó en jueves Santo. Puesto que ni en Cuaresma ni en Semana Santa se podía utilizar el oficio y la misa litúrgica del Santo, la fiesta se trasladó a diferentes fechas y finalmente se señaló el último domingo de abril para celebrar la Fiesta de las Cabezadas.

Según indicaban las Políticas Ceremonias de la Ciudad en el siglo XVIII, en uno de los Ayuntamientos en el mes de marzo se nombraban dos caballeros comisarios, que eran los encargados de iluminar los palacios del Ayuntamiento en las vísperas de la fiesta y de asegurarse de que el Mayordomo de Propios consiguiese un cirio de arroba y que en él se pintase la efigie de San Isidoro y en el reverso se plasmaran las armas de la Ciudad junto con cuatro hachas y velas. Días antes de la celebración, una Legacía del Ayuntamiento se presentaba en la Colegiata y, en ese momento, el abad Isidoriano situaba a dos canónigos al pie de la escalera para recibirla, mientras que él con otros miembros del Cabildo, les esperaba de pie en la Sala Capitular. Una vez intercambiadas las reverencias, el portavoz de la Legacía exponía el acuerdo municipal de celebrar la fiesta del Santo Patrón como es costumbre desde tiempo inmemorial. En el día y hora convenidos, el abad, acompañado de dos o más canónigos se presentaba en el Palacio de la Poridad con la respuesta, que siempre ha sido afirmativa.

El día de la fiesta, a las doce de la mañana salía del Ayuntamiento de las casas consistoriales la comitiva municipal en representación de la Ciudad. Delante iban los clarines y tambores y detrás tres braceros portando el cirio y las dos hachas, ya que las otras dos se envían privadamente a la Iglesia de San Marcelo. En el atrio de la Basílica esperaba el Abad y una vez que llegaban a la plaza, se detiene la comitiva municipal y cesan las músicas.

Se adelantaban los dos representantes más jóvenes acompañados del escribano del Concejo en busca del Abad, que saludaba a todo el Corregimiento y daba su brazo derecho al Sr. Corregidor para conducirle hacia el templo. Al llegar al atrio, los canónigos y los miembros de la comitiva municipal se emparejaban y todos avanzaban hacia el altar mayor. En la ceremonia antigua se repartían las velas y se salía en procesión hacia el claustro, se entregaba el cirio como oferta y se recibía como foro. En la actualidad, la entrega se realiza en medio de la procesión y en el centro del patio.

Tomando la delantera el representante del municipio con su muestra de devoción hacia San Isidoro y entregaba el cirio como ofrenda voluntaria. El canónigo portavoz le hacía una réplica sobre esta ofrenda voluntaria, ya que todo el mundo sabe que el cirio se recibe como “foro obligatorio” y se pronunciaban amenazas, improperios e invocaciones al Santo.

En la ceremonia antigua se repartían las velas y se salía en procesión hacia el claustro, se entregaba el cirio como oferta y se recibía como foro

Tras este tenso momento, continuaba la eucaristía junto con la música de la coral y al final se realizaban las Cabezadas. Todo se reduce a las inclinaciones de despedida, extremadas con los cuerpos doblados en ángulo recto. Inclinaciones de ambos cabildos, el eclesiástico y el civil, colocados frente a frente y uno al lado del otro. Esta ceremonia se repetía tres veces mientras la comitiva municipal del Ayuntamiento atravesaba la plaza y el Abad y el Cabildo avanzaban hacia las cadenas del atrio. Previamente a la ejecución de cada cabezada, el Corregidor golpeaba el suelo con el bastón; la Concejalía, que iba desplegada, detenía el avance, se giraba y hacía la inclinación y mostraba “la cabeza visible” a la comunidad canonical, que emitía el gesto exagerándolo y siempre con mayor visibilidad.

Como colofón a la ceremonia, el Abad avanzaba en solitario y permanecía erguido en equilibrio sobre el pie izquierdo, mientras tendía al aire el derecho, como gesto que es interpretado como el deseo irrealizable de seguir al Corregimiento. En este momento el pueblo leonés aplaudía y comentaba.

Actualidad

Cada último domingo de abril León revive la tradición en agradecimiento por éste y otros milagros que sucedieron después, la ciudad, representada por su Ayuntamiento, acude voluntariamente cada año a la Real Colegiata de San Isidoro para ofrecer un cirio de una arroba y dos hachas de cera; ya en el claustro, el Cabildo acepta el presente, pero deja patente su carácter obligatorio o de foro. Por esta discrepancia sobre el carácter de la ofrenda, los representantes de ambas instituciones entablan una batalla dialéctica y hacen alarde público de sus cualidades oratorias. Al final, hay empate, y la discusión queda aplazada para el siguiente año.

La celebración de esta tradicional conmemoración se la conoce con el nombre de Las Cabezadas, por las tres reverencias que los Munícipes hacen con exagerada inclinación al despedirse del Cabildo, o también por el menos conocido “Foro u Oferta”.